Carta abierta a José Uscátegui II

El 23 de febrero del 2013 en una carta abierta, el hijo del General Uscátegui me planteó la necesidad de que hiciéramos un acuerdo para trabajar por erradicar la violencia de la política. Me expresó su rechazo a los calificativos que han justificado la amenaza a quienes compartimos las ideas de izquierdas, y me dijo algo contundente: “¿Llegó la hora de poner fin a la confrontación armada? También me atrevo a decir que coincidimos en un rotundo “sí”.

Mi respuesta a su carta partió de mi concepción sobre el principio que rige nuestro diálogo. Pensamos distinto sobre la historia de la violencia, sus causas y consecuencias. Ello, en vez de hacer imposible una causa común, resalta como objetivo la apertura del espacio para la búsqueda y expresión de la verdad, que no es sólo de su interés como hijo de un General condenado, o mío, como hijo de un dirigente comunista asesinado, sino de los pueblos y comunidades que sufren a fondo el conflicto que aún debe resolverse.

Nuestro intercambio público llamó la atención de varios medios y periodistas. En la revista Semana, en muchos portales independientes, y hasta en RCN se resaltó el significado de nuestra disposición. Escuché a varias personas referirse a esas cartas como un motivo de esperanza.

Para mi lo fundamental de nuestro intercambio sigue siendo la posibilidad de que funcione como un espejo de lo posible. Su historia y la mía salen al ruedo muchas veces para verificar históricamente los motivos para oponerse a una salida política al conflicto, a la apertura democrática. Y sin embargo, yo creo que usted y yo, y muchos como nosotros podemos demostrar que lo que hemos vivido debe funcionar para todo lo contrario: para darle sentido a los dolores y los sufrimientos en la materialización de la paz con todo lo que implica, es decir, con los cambios que impone, y con sus costos.

Está claro que tomarse este ejercicio en serio no es fácil. Logramos hacer una reunión para hablar con jóvenes que podrían pensar en el esfuerzo por emprender y no fueron pocas las reacciones de compañeros míos que cuestionaron la iniciativa. Ha sido muy difícil mantener el diálogo a pesar de sus apariciones con jóvenes vinculados a los grupos que se reclaman nazis en Bogotá que destruyeron un mural en homenaje a la UP o que organizan fiestas con María Fernanda Cabal, quien considera que el comunismo es una enfermedad. Quienes profesan el odio como ideología y lo defienden en gavilla están fuera de la democracia desde hace mucho tiempo en el mundo.

Con todo, tengo la obligación de escribirle en este momento una segunda carta pública. Habiéndose producido un conjunto de principios sobre el tema de las víctimas en los diálogos de la Habana, no puedo dejar de pensar en lo valioso que es que se hable de la verdad como un asunto innegociable en este proceso. “No habrá intercambio de impunidades”, ha sido una frase que constituye un hito a nivel internacional, muy distinto de la perspectiva defendida por el gobierno anterior, en la que la verdad siempre fue un opuesto de la paz, un sacrificable necesario, empezando por el prontuario del expresidente y todo lo que tuvieran que decir los jefes paramilitares ahora extraditados donde nadie puede escucharlos. Pensaría que la causa de la continuidad de los diálogos debería ser también suya, y de los hijos e hijas de militares que saben que merecemos una vida donde podamos hinchar nuestro pecho de honor, libres del yugo de la guerra. 

También supongo que usted es consciente de otras cosas que están en juego. Estando el conflicto en un punto que tal vez usted comprenda como irreversible, es indiscutible que la diferencia de destinos está, entre un próximo gobierno que funcione bajo un marco de obligatorio respeto a la oposición diferenciada de la subversión armada o uno que, en cambio, acuse de terrorismo al descontento social imparable, y así lo trate. 

Entonces José Jaime, en perspectiva de la paz que anhelamos, ¿cómo no expresarse en contra de quienes insisten en la violencia, y en la acusación que cierra el diálogo, y en mandar al traste el avance más certero en un proceso de paz, hasta ahora? ¿Cómo no expresarse, votando por supuesto, a favor de la posibilidad de la paz?

José Antequera Guzmán. 8 de junio de 2014. 

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