La indignación no basta. La unidad de la izquierda tampoco.

La indignación no basta. Eso acabo de leer en un grupo de WhatsApp, a propósito de un mensaje que circula por ahí titulado “Despierta Colombia” en el que se denuncia la corrupción, la venta de Isagen, etc. y se llama a la movilización social espontánea. Y es cierto. A propósito de las últimas medidas del gobierno nacional y del de Bogotá hay muchas razones para emputarse, pero se necesita mantener alguna claridad sobre la canalización si no se quiere terminar trabajándole a los que siempre están esperando para pescar en río revuelto imponiendo dictaduras y represión, dizque a favor pueblo indignado.

En mi muro de Facebook una mujer comentó que para ella el proceso de paz es sólo una cortina de humo para que no veamos lo que está pasado con las empresas públicas. Confundiendo las peras con las manzanas, esa mujer está pensando como una buena cantidad de personas en Colombia que cree que la paz es un proyecto de Santos. No se puede olvidar que la paz como está siendo, negociada, con diálogos, con acuerdos, es el proyecto que hemos defendido nosotros, hasta las últimas consecuencias, para que se abra la democracia en Colombia y deje de ser la guerra la mejor excusa para tapar y silenciar los problemas del país. Pero que yo le diga eso a la comentarista de mi muro no cambia nada. Ahí está el síntoma de algo grave a lo que hay que pararle bolas, porque la paz no se puede perder aunque el gobierno crea que puede hacer lo que sea, que tranquilo, que con el fantasma de la guerra, ahí está la gente buena, y la izquierda, dispuesta a defender en el último minuto a su gobierno y a la paz porque si no viene el coco de Uribe y nos lleva.

Además la indignación no basta por otros motivos. Supongamos que se cumple el sueño de los que están queriendo convocar, con las mejores intensiones, esa acción espontánea, popular, sin banderas ni partidos, que remueva la situación indignante. Para que las cosas cambien se necesitan alternativas organizadas, y no sólo buenas intensiones. En las marchas también hay mucha gente corrupta que simplemente aún no ha tenido su oportunidad.

Pero ahí es donde entra el asunto de la izquierda y de la unidad de la izquierda. La otra cosa que me encontré esta mañana es una noticia sobre una Cumbre que varios medios han presentado como un cónclave para lanzar a Gustavo Petro como presidente, en parte para aumentar la audiencia con algo espectacular, y en parte para ponerle el foco al asunto electoral y mantener a la izquierda en la raya frente a la indignación. Esa reunión fue muy importante, pero tampoco basta. Primero, porque está visto que hay que desarrollar estrategias para controlar mejor los mensajes, que se puede, mientras nos dan el medio de comunicación que propone Aída Avella. Con la experiencia de Hollman Morris, que estuvo en la reunión, no sé cómo se permitió que se dijera lo que los medios quisieran y no lo que se necesitaba decir en este momento. Pero también porque si se están convocando marchas sin bandera y sin partido y se están confundiendo las peras con las manzanas, es porque hay una crisis de representación que ha llegado a tocar a la izquierda, que ha terminado por aparecer como otro sector político que se llama distinto, pero que comete las mismas cagadas. Así que sumar banderas y sumar votos no es suficiente, y tampoco es suficiente esperar que la unidad produzca por sí misma el resultado de recomposición de manera que por su misma cuenta se pueda identificar que la izquierda es, además de una alternativa organizada, una verdadera alternativa; alternativa en valores, en modos, en ética, en capacidad decisión.

La primavera en Túnez empezó después de que un hombre se inmolara el 17 de diciembre de 2010 frente a un edificio del gobierno, ahogando su propio grito de protesta ante la confiscación de su puesto de frutas, y su grito de dignidad, con el que se negó a pagarle un soborno a la policía. En 2013 nos dijo un filósofo, Zizek, que aquellos días terminaron siendo tiempos en los que soñamos peligrosamente, por lo que pasó con esa y otras primaveras. En España, después del 15 M, las izquierdas siguen divididas sin poder ganar todavía, aunque ya van entendiendo, todas, que no basta con la sopa de letras. Aquí todavía suena el reclamo del hijo de la señora Rubiela, en plena calle, antes de que llegara el ESMAD a atender la emergencia con su alienada estupidez, y una madre está encadenada en la Dirección de la Policía porque no atienden a su hijo.

José Antequera Guzmán

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