Marcha al debate

Más allá del coro policivo sobre la Marcha Patriótica, es necesario comprender y abrir los debates que provoca esta iniciativa; allí el compromiso con la democracia  y la solución política del conflicto,  independientemente de la pertenencia.   Entre todos, me parecen particularmente importantes los siguientes:

1. La cuestión de la solución política como tema central de la agenda.

Este tema ha sido asumido por los analistas como el principal, pero en realidad es mucho lo que falta por definirse al respecto. La Marcha, al igual que el Polo  y que toda la izquierda, tiene una perspectiva de comprensión del conflicto donde brillan las causas estructurales del mismo. Sin embargo, lo nuevo es que estén confluyendo organizaciones que han venido incluyendo temas y perspectivas de reivindicación desde su auto comprensión como víctimas, de acuerdo con las dinámicas que han elevado la legitimidad de esa condición. Ello implica que desde muchos sectores de la Marcha se empuje una mayor sensibilidad frente a la urgencia de la paz y las garantías para que su ejercicio de participación no se convierta en una papaya para el exterminio. No obstante, también confluye en el nuevo movimiento una nueva generación que ha cargado la frustración del aislamiento de Colombia frente al resto de América Latina en el avance de la izquierda con el conflicto como excusa para todas las represiones,  y que más que solución política, empuja por un programa radical donde las cuestiones humanitarias pierden prioridad frente a la vocación de poder desde la acumulación de fuerzas en el ámbito popular (sin querer decir que sean incompatibles).

En el entretanto de esa resolución en el movimiento naciente, lo único claro es que no se ha visto ni una sola fuerza que considere deseable o empuje efectivamente a la continuidad de la guerra.

2. El tema de la democracia.

Y es que si bien el lema de la Marcha es “Por la segunda y definitiva Independencia”, no deja de ser el tema al que más tinta se le ha gastado a los diferentes documentos que hemos podido conocer. El asunto tiene que ver en gran medida con las diferencias con el Polo y con otros sectores políticos de izquierda,  así como  con la intensión de conformar un “bloque hegemónico de poder”.

Asumiendo que en la izquierda está superada la discusión sobre la necesidad de trascender la democracia representativa de mercado, el debate sobre la democracia cuestiona concretamente  la noción-herencia de la Constitución del 91- de la democracia centrada en la perspectiva de derechos. En la Marcha, si no estamos entendiendo mal, se avanza en una definición de democracia donde lo central es el sistema como tal, el modelo de país y de sociedad.

Así mismo, el bloque hegemónico actual implica un consenso implícito a nivel nacional acerca de que el principal escollo a superar en la búsqueda de la paz es el de la justicia (los derechos de las víctimas). De tal suerte, la Marcha tendría que ubicarse en ese debate, y ello significa  la apertura al debate público sobre las limitaciones democráticas del país como verdadero obstáculo  de la paz, y su superación como escenario mismo de justicia.

En ese sentido, se puede esperar que la Marcha discuta mucho sobre la noción de democracia, ya que allí estaría el planteamiento que le dé un viraje a la propuesta “hegemónica”, que sea al mismo tiempo elemento  diferenciador  del Polo, y  eje de una propuesta seria de solución política del conflicto.

Vale decir, las resoluciones al respecto son de lo más difícil de lograr. Lo que también se ve en lo que hemos podido conocer es que hay quienes pujan por una crítica a todo lo que se ha avanzado al respecto, incluso a la democracia participativa, sin tener idea de cómo se resuelven problemas que muchas veces son de carácter logístico y que atraviesan a los propios escenarios de la izquierda.

3. El parecido con  la Unión Patriótica.

Eso es lo que dice todo el mundo: Que Marcha Patriótica suena a Unión Patriótica. Pero la verdad es que hay diferencias y similitudes que es importante comprender. La Marcha está conformada por muchas organizaciones y sectores sobrevivientes, que apostaron a la Unión Patriótica en su momento, así como por muchos jóvenes que piensan que de haber tenido capacidad política en los ochentas le habrían dado la vida a ese proyecto. Y es que es claro que la Marcha representa el mismo fenómeno histórico de la Unión Patriótica, esto es, el de la confluencia de organizaciones y sectores sociales a los que se les ha excluido en los diferentes pactos de conformación del país, e incluso se les ha pretendido exterminar,  por ubicarse en el lugar de mayor contradicción con el modelo de desarrollo  que aún no termina de cuajar. Por ello, más que por una simple cuestión de voluntad, la Marcha se parece a la UP, y tendrá que desenvolverse con muchas dinámicas comunes, sobre todo, la de tener que elevar la demanda permanente por la garantía para su participación política y la solución política al conflicto. No obstante, también es cierto que la Marcha surge en un momento diferente del mundo y del país, y que sus dirigentes, muchos distintos,  se presentan con una experiencia donde ya cuenta una valoración crítica de la historia de la izquierda, así como una menor ingenuidad (eso esperamos). Ahí está la prueba para la “memoria” de esta iniciativa: Hay que asumir el reto del presente sin cargar con estigmas y errores del pasado, pero también conviene aprender de la experiencia y no perder el tiempo recorriendo caminos transitados hacia fallas insalvables.

La Marcha Patriótica está en boca de muchos que la miran con recelo. Sin embargo, más allá, debería representar una apertura a debates importantes, que no se pueden considerar arrastrados por las experiencias que han hecho crisis en la izquierda. Lo que no se puede negar es que se tienen que tener los ojos muy empañados de guerra para no considerar al pueblo que aguantó tantas dificultades para venirse hasta la Plaza de Bolívar en Bogotá, y afirmar su lugar en el tiempo y el espacio de esto que llamamos Colombia.

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