Amenazas en la puerta de la paz

Ante las amenazas que se están produciendo vinculadas al rearme paramilitar, y los asesinatos que ya completan cinco en una semana, los medios, varios representantes del gobierno y muchos líderes de izquierda debemos reflexionar sobre la profecía del miedo a la repetición de lo ocurrido con la UP. Lo que es urgente es que se descubra la verdad y se tomen medidas efectivas evitando el mensaje de condolencia inútil y perjudicial para todos.

El mejor ejemplo sobre lo que son las profecías autocumplidas aparece en un cuento de García Márquez que nunca he leído, pero me lo contaban mil veces de niño de la manera que ahora resumo. Una señora se levanta un día diciendo que ese día va a pasar algo grave en su pueblo. Y se riega la bola. Y la gente comienza a hacer cosas porque ese día, están diciendo, va a pasar algo grave en el pueblo. Hasta que terminan quemando las casas por miedo a eso que va a pasar. Como yo me lo imaginaba, al final aparece la señora con las llamas reflejadas en sus pupilas junto a su hija o su sobrina, diciendo: “viste mija, yo te dije que hoy iba a pasar algo grave en este pueblo”.

Como lo hizo la Silla Vacía (http://goo.gl/HYD5WN) ha sido común durante este último proceso de paz que se ponga en boca de la izquierda la denuncia del paramilitarismo. Que el problema de los asesinatos y del rearme paramilitar se reduzca en su magnitud como la amenaza generalizada que es. Que algunos voceros de izquierda respondan que tienen mucho miedo, y que todos digan que el miedo es a que se repita lo de la UP. Pero esa focalización del problema y esa evidencia del susto, en vez de producir solidaridad o alarma en el gobierno, al que le debería importar que todos los que estamos cobijados por la historia de la UP tuviéramos y sintiéramos que tenemos garantías, funciona como un mensaje de profecía autocumplida, negativo para todos. Certifica la efectividad de los ataques recientes, no preocupa a los que creen que como no son de izquierda la cosa no es con ellos, y fragmenta la posibilidad de la verdadera solidaridad al recalcar, de nuevo, que el que se acerca a esos rojos comunistas termina amenazado, porque hasta debe ser verdad eso que dice Fernando Londoño en sus videos en youtube. Y por ahí derecho, ciertamente, reduce las expectativas generales de que el proceso de paz puede cambiar algo.

Si es verdad que en este país importan las víctimas hay cosas que debiéramos asumir como aprendidas y actuar en consecuencia. Si están amenazando o asesinando a líderes de izquierda en la puerta de la paz, tendría que haber una convocatoria masiva a rechazar esos hechos desde los medios de comunicación, buscando el poder de la verdad de los responsables para oponerlo al miedo. Si es verdad todo lo que se ha dicho ante las víctimas de las masacres, y de los secuestros, y del genocidio contra la UP, y que Basta Ya y que Nunca Más, debería haber un mensaje rodeando a los amenazados, haciendo de la unidad la fórmula contra el miedo. Y si es cierto que la izquierda ha hecho de tanta tragedia una lección, deberíamos también afirmar, de una vez por todas, que nuestro miedo no evita ningún asesinato, y que si nos toca vivir sorteando la cobardía de los que amenazan, mejor que la sociedad sepa que con nosotros encuentra esperanza y no miedo.

Señor Presidente Juan Manuel Santos. Si todo lo que se ha dicho y escrito sobre las víctimas ha sido en serio, este debería ser el momento en que se convocara la acción de todas las instituciones que tienen algo que ver con la no repetición, el movimiento de derechos humanos, con comisiones especiales de investigación y juzgamiento, en vez de unirse y actuar después para reparar lo irreparable. ¿No es eso lo que significa que las víctimas sean el centro de la paz?

Si algo no debemos repetir en Colombia es la actitud paralizante, la indiferencia generalizada que comienza por los eufemismos, las profecías autocumplidas y la silenciosa complicidad de quienes aceptan el miedo, hasta que les toca la puerta. ¿Entonces?

José Antequera Guzmán.