Alerta: amenaza al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

La continuidad del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación está amenaza. http://lasillavacia.com/historia/punto-de-un-acuerdo-de-paz-el-centro-de-memoria-se-desmorona-57251 La razón es el incumplimiento de compromisos que se han hecho frente a las víctimas y la sociedad desde su creación y que responden a una acertada lectura sobre las condiciones que requiere un proyecto de este tipo, con base en la experiencia nacional e internacional frente a los llamados lugares de memoria.

Primero se le llamó Centro del Bicentenario, Memoria, Paz y Reconciliación porque se quería inaugurar en 2010 emulando la apertura Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile el 11 de enero de ese mismo año. También porque en 2008, cuando debió aprobarse en el Plan de Desarrollo, se necesitaba un argumento adicional al de los derechos de las víctimas para un proyecto como éste aunque hoy parezca absurdo. Gracias al Acuerdo de creación del Parque de la Reconciliación promovido por el ex Concejal Fernando Rojas, se logró un lugar adecuado para su construcción que hoy resulta visible para todos los visitantes de la ciudad que atraviesan la 26 desde el Aeropuerto hasta el centro.

Camilo González  Posso, su director desde el principio, debió batallar contra mil barreras burocráticas y supo orientar un proceso de construcción social participativo que desarrollamos con jóvenes provenientes del movimiento de derechos humanos y paz, algunos hijos e hijas de personas asesinadas o desaparecidas por la violencia política.

Conociendo la experiencia de lugares similares en Argentina, Chile, Guatemala, Salvador, Sudáfrica, entre otros, cambiamos la lógica de desconfianza entre el movimiento social y el Estado, planteando una serie de deberes del Centro que tienen que ver con su sostenibilidad democrática, hoy en discusión:

  1. El Centro debía avanzar hacia una estructura de funcionamiento institucionalizada que garantizara su autonomía del gobierno de la ciudad, de manera que no pudiera ser objeto de manipulación política o que se pusieran en riesgo sus lineamientos generales con cada cambio de gobierno.
  2. Debía tener una estructura participativa en su gestión que incluyera a víctimas, academia, gobierno, etc., para que nunca dejara de ser un proyecto de interés general, más allá de intereses coyunturales.
  3. Debía avanzarse en una política pública de la memoria que permitiera, además de garantizar recursos públicos permanentes para el Centro, que se trabajara la memoria y la paz en toda la ciudad de manera descentralizada, considerando los ámbitos educativo y cultural de manera especial.

A casi ocho años desde el inicio de la carrera por tener un Centro de Memoria en Bogotá y en Colombia, y a cuatro años de su fundación, todos debemos reconocer un acumulado de conocimiento y de trabajo inmenso que se ha hecho en este lugar. Son miles las personas que han pasado por allí cambiando de alguna manera sus vidas, aunque suene pretencioso. Además, no existe una organización de víctimas en la ciudad que no valore el espacio, y pocas han dejado de ocuparlo y usarlo, gratis, libremente. Se han hecho actos en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de trascendencia nacional, se han producido libros fundamentales sobre su ámbito, se han generado instrumentos pedagógicos importantísimos que hoy se usan en colegios y universidades.

Pero también es muy triste encontrarse con las noticias sobre el mal estado del Centro, sobre las amenazas a su continuidad por cuenta del incumplimiento de algunas promesas que no se resolvieron bien en la Alcaldía de Gustavo Petro, y sobre las que existen conclusiones claras y suficientes que pueden perderse si ésta Alcaldía también incumple. http://www.elespectador.com/opinion/petro-y-el-derecho-verdad

Ahora con el Alcalde Peñalosa al mando hay que afirmar que el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación sigue necesitando el concurso confluyente de todo el espectro de defensa de derechos humanos y construcción de paz, y allí, de todos los partidos e instituciones: este es un tema que trasciende los intereses de gobierno. Ni el nuevo Alcalde debe temer a untarse de sus contradictores, ni la oposición debe abandonar al Centro como suelen hacer algunos que botan el balón por el hecho de que lo esté manejando el equipo contrario.

El debate sobre el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación es, además, un debate que atraviesa un nuevo boom en proyectos como éste en todo el país. Todos los lugares de memoria en Colombia, desde la Casa Museo de la Memoria de Medellín hasta la Casa de la Memoria de Tumaco, están marcados por la misma cuestión. Hay una Red Nacional de Lugares de Memoria que lucha por sostenibilidad, autonomía y participación para los lugares. Si no queremos tener elefantes blancos y frustraciones para las víctimas sino verdaderos lugares activos y determinantes en la construcción de paz, se necesita atender la alerta.

José Antequera Guzmán

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Ideas sobre la paz. ¿Sí o no?

1. No se puede seguir repitiendo que la democracia colombiana ha sido ejemplar e intachable, que antes fue atacada por una amenaza fantasmal terrorista y que ahora está de luto. El proceso de paz ha sido necesario porque existe un conflicto que no se puede negar a estas alturas a menos que uno decida no ver las 170 mil víctimas civiles en más de 60 años, y las responsabilidades documentadas del Estado, de las Fuerzas Militares y hasta de la Iglesia, que son tan verdaderas como las que corresponden a las guerrillas, y a los empresarios, y a los políticos, y a los medios de comunicación, aunque sean distintas entre ellas y haya que clarificarlas con una comisión de la verdad. El proceso de paz ha sido necesario porque con un conflicto así no se puede hablar de una verdadera democracia. Y por eso el corazón de la paz es un acuerdo para avanzar, simple y llanamente, en que Colombia sea un país democrático. Hay quienes creen que eso es muy poquito o que no vale la pena, y aunque no comparto sus razones, porque tengo la vida marcada por la maricadita de que aquí te matan por tu posición política, me parece que son válidas y discuto lo que quieran con ellas. Pero la negación del conflicto ya no es aceptable. De ninguna manera.

2. A veces nos pasa, yo diría que casi siempre, que cuando se supone que debemos saber algo pero no lo sabemos, hacemos cara de que sí cuando no.

– ¿Te leíste la Vorágine?.

– Aja, claro, sí, aunque hace mucho, en el colegio, así que ya casi no me acuerdo.

Cuando quien nos habla nos pregunta por algo de lo que no sabemos pero con cara de disgusto, lo fácil es compartir el sentimiento y decir que a uno tampoco le gusta eso. Cuestión de empatía.

La idea de la paz es nueva para muchos. 50 años de guerra fueron todos años de justificación de la guerra, de diablos y demonios; de terrorismo. Y leer los acuerdos no ha sido fácil. Primero, porque no leemos mucho en general. Y segundo, porque son temas políticos y aquí estamos acostumbrados a que nos den la información política con la cucharita de Vicky Dávila. ¿Entonces? Lo más fácil es seguir la ley: “mejor bueno conocido que malo por conocer”. “A mi tampoco me gusta eso”, dirán algunos si les pregunta alguien con cara de disgusto.

Yo les diría a los que no han leído que lean. Pero sé que es difícil. Entonces les diría que le digan que Sí a la posibilidad de que los hijos y los nietos de los soldados y de los guerrilleros aprendan a leer y a cogerle el gusto a la lectura con sus papás en la casa, vivos y respirando. Se los digo yo, que sé lo difícil que es aprender a leer sin papá.

3. Es muy importante que afirmemos el Sí a la paz en redes sociales. Pero hay que transcender el espacio engañoso de nuestros contactos, que normalmente serán afines. Que no nos dé miedo hablar con la persona que se sienta al lado en el bus, con el taxista, con el vecino, con el de la tienda, con las amistades del colegio, con el tío que no cree en nada. Esto es en serio y nuestro peor enemigo es esa manera desconfiada de tratarnos entre nosotros que traslada todas las causas a las propagandas masivas de quienes tienen plata, o a las marchas donde uno va acompañado generalmente de la misma gente. Sin pena, que es en serio. Esto hay que ganarlo y no de cualquier modo sino de manera contundente.

4. Hay que ir cocinando lo que viene. Hay que hacer cumplir la promesa con renovación y voluntad. A todos se nos están acabando las excusas.