Ideas sobre la paz. ¿Sí o no?

1. No se puede seguir repitiendo que la democracia colombiana ha sido ejemplar e intachable, que antes fue atacada por una amenaza fantasmal terrorista y que ahora está de luto. El proceso de paz ha sido necesario porque existe un conflicto que no se puede negar a estas alturas a menos que uno decida no ver las 170 mil víctimas civiles en más de 60 años, y las responsabilidades documentadas del Estado, de las Fuerzas Militares y hasta de la Iglesia, que son tan verdaderas como las que corresponden a las guerrillas, y a los empresarios, y a los políticos, y a los medios de comunicación, aunque sean distintas entre ellas y haya que clarificarlas con una comisión de la verdad. El proceso de paz ha sido necesario porque con un conflicto así no se puede hablar de una verdadera democracia. Y por eso el corazón de la paz es un acuerdo para avanzar, simple y llanamente, en que Colombia sea un país democrático. Hay quienes creen que eso es muy poquito o que no vale la pena, y aunque no comparto sus razones, porque tengo la vida marcada por la maricadita de que aquí te matan por tu posición política, me parece que son válidas y discuto lo que quieran con ellas. Pero la negación del conflicto ya no es aceptable. De ninguna manera.

2. A veces nos pasa, yo diría que casi siempre, que cuando se supone que debemos saber algo pero no lo sabemos, hacemos cara de que sí cuando no.

– ¿Te leíste la Vorágine?.

– Aja, claro, sí, aunque hace mucho, en el colegio, así que ya casi no me acuerdo.

Cuando quien nos habla nos pregunta por algo de lo que no sabemos pero con cara de disgusto, lo fácil es compartir el sentimiento y decir que a uno tampoco le gusta eso. Cuestión de empatía.

La idea de la paz es nueva para muchos. 50 años de guerra fueron todos años de justificación de la guerra, de diablos y demonios; de terrorismo. Y leer los acuerdos no ha sido fácil. Primero, porque no leemos mucho en general. Y segundo, porque son temas políticos y aquí estamos acostumbrados a que nos den la información política con la cucharita de Vicky Dávila. ¿Entonces? Lo más fácil es seguir la ley: “mejor bueno conocido que malo por conocer”. “A mi tampoco me gusta eso”, dirán algunos si les pregunta alguien con cara de disgusto.

Yo les diría a los que no han leído que lean. Pero sé que es difícil. Entonces les diría que le digan que Sí a la posibilidad de que los hijos y los nietos de los soldados y de los guerrilleros aprendan a leer y a cogerle el gusto a la lectura con sus papás en la casa, vivos y respirando. Se los digo yo, que sé lo difícil que es aprender a leer sin papá.

3. Es muy importante que afirmemos el Sí a la paz en redes sociales. Pero hay que transcender el espacio engañoso de nuestros contactos, que normalmente serán afines. Que no nos dé miedo hablar con la persona que se sienta al lado en el bus, con el taxista, con el vecino, con el de la tienda, con las amistades del colegio, con el tío que no cree en nada. Esto es en serio y nuestro peor enemigo es esa manera desconfiada de tratarnos entre nosotros que traslada todas las causas a las propagandas masivas de quienes tienen plata, o a las marchas donde uno va acompañado generalmente de la misma gente. Sin pena, que es en serio. Esto hay que ganarlo y no de cualquier modo sino de manera contundente.

4. Hay que ir cocinando lo que viene. Hay que hacer cumplir la promesa con renovación y voluntad. A todos se nos están acabando las excusas.

 

 

 

 

 

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