¿Paz sí pero no así?

No estamos hablando de paz en Colombia sino por el conflicto armado que hemos tenido por más de sesenta años. Luego no existe otra paz negociada posible que la que se ha negociado entre quienes pueden terminar con ese conflicto. Lo distinto de la paz negociada no es la paz, sino la guerra. Y la guerra ya ha fracasado suficientemente.

Como la terminación del conflicto depende de la solución de algunos problemas fundamentales de toda la sociedad colombiana, era necesario que hubiera un proceso de diálogo con una agenda de cambios para resolver esos problemas. Que sobre cada punto de esa agenda hubiera participación de los más involucrados, y que los acuerdos resultantes fueran viables considerando que se discuten como parte de un proceso entre partes enfrentadas que deben hacerse concesiones mutuas.

Como la terminación del conflicto dependía especialmente de resolver los graves daños que ha producido su degradación, era necesario que participaran especialmente las víctimas escogiendo algunas entre ellas porque han sido millones, sin que se quedara ningún tipo de daño por fuera.

Como la terminación del conflicto se discute entre partes enfrentadas, era fundamental que las partes acordaran una manera de cambiar su relación violenta.

Sobre los cambios fundamentales que se necesitan para la paz se han alcanzado acuerdos suficientes en los puntos más importantes: la tierra, la participación política, el tráfico de drogas, las víctimas y los elementos necesarios para que las FARC y el Estado dejen de enfrentarse con armas. Ha habido participación de la sociedad cualificada y suficiente en cada punto y se han alcanzado resultados que celebran todos los que han conocido los procesos de paz en el mundo y saben el tamaño del problema que tenemos.

Sobre el sufrimiento de las víctimas se ha logrado un acuerdo histórico como no ha existido otro en ningún lugar del mundo, gracias a la participación de representantes de víctimas que actuaron con la certeza de que lo único que le da sentido al sufrimiento es el cambio constructivo y no la venganza. Se ha puesto el punto de partida para que salga a la luz toda la verdad que es lo que necesitamos para no repetir el pasado, conscientes de que la cárcel para todos los que la merecerían según los estándares sería un absurdo inviable, injusto, irrealizable que, sobre todo, no nos conduciría a la paz.

Sobre la relación entre las FARC y el Estado se ha logrado la única solución posible y real que es la democracia. Porque sólo existe la democracia como el espacio donde conviven y se resuelven las diferencias políticas, y sólo existe la democracia, en cualquier país del mundo, entre grupos representativos de sociedades que han pasado por violencias y guerras.

Estos cambios posibles debieron haber sido alcanzados hace mucho tiempo, antes de que la guerra se volviera un infierno. Pero si han costado tanto es porque aunque parezcan simples, son el corazón de la Colombia posible. Por eso no son cambios para las FARC ni para el Estado. Son cambios para Colombia. Hacerlos cumplir es una tarea trascendente que no debe distinguir banderas ni posiciones partidistas.

Así que se apoya la paz votando que SÍ en el plebiscito. Es la única oportunidad que tenemos para expresar nuestra responsabilidad con el dolor que han sufrido millones de personas en Colombia, realmente, con sus nombres y apellidos. La oportunidad para demostrar nuestra altura abriendo la puerta de las soluciones a los problemas que tenemos y que la guerra excusa.

Se apoya la paz votando que SÍ en el plebiscito. Nadie nos pide que creamos en el Presidente, ni que aceptemos lo inaceptable, ni que olvidemos nuestros muertos, ni que pasemos de largo de nuestras rabias. Se trata de terminar el conflicto que realmente hemos tenido y de construir el país que realmente podemos tener.

 

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Alerta: amenaza al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

La continuidad del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación está amenaza. http://lasillavacia.com/historia/punto-de-un-acuerdo-de-paz-el-centro-de-memoria-se-desmorona-57251 La razón es el incumplimiento de compromisos que se han hecho frente a las víctimas y la sociedad desde su creación y que responden a una acertada lectura sobre las condiciones que requiere un proyecto de este tipo, con base en la experiencia nacional e internacional frente a los llamados lugares de memoria.

Primero se le llamó Centro del Bicentenario, Memoria, Paz y Reconciliación porque se quería inaugurar en 2010 emulando la apertura Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile el 11 de enero de ese mismo año. También porque en 2008, cuando debió aprobarse en el Plan de Desarrollo, se necesitaba un argumento adicional al de los derechos de las víctimas para un proyecto como éste aunque hoy parezca absurdo. Gracias al Acuerdo de creación del Parque de la Reconciliación promovido por el ex Concejal Fernando Rojas, se logró un lugar adecuado para su construcción que hoy resulta visible para todos los visitantes de la ciudad que atraviesan la 26 desde el Aeropuerto hasta el centro.

Camilo González  Posso, su director desde el principio, debió batallar contra mil barreras burocráticas y supo orientar un proceso de construcción social participativo que desarrollamos con jóvenes provenientes del movimiento de derechos humanos y paz, algunos hijos e hijas de personas asesinadas o desaparecidas por la violencia política.

Conociendo la experiencia de lugares similares en Argentina, Chile, Guatemala, Salvador, Sudáfrica, entre otros, cambiamos la lógica de desconfianza entre el movimiento social y el Estado, planteando una serie de deberes del Centro que tienen que ver con su sostenibilidad democrática, hoy en discusión:

  1. El Centro debía avanzar hacia una estructura de funcionamiento institucionalizada que garantizara su autonomía del gobierno de la ciudad, de manera que no pudiera ser objeto de manipulación política o que se pusieran en riesgo sus lineamientos generales con cada cambio de gobierno.
  2. Debía tener una estructura participativa en su gestión que incluyera a víctimas, academia, gobierno, etc., para que nunca dejara de ser un proyecto de interés general, más allá de intereses coyunturales.
  3. Debía avanzarse en una política pública de la memoria que permitiera, además de garantizar recursos públicos permanentes para el Centro, que se trabajara la memoria y la paz en toda la ciudad de manera descentralizada, considerando los ámbitos educativo y cultural de manera especial.

A casi ocho años desde el inicio de la carrera por tener un Centro de Memoria en Bogotá y en Colombia, y a cuatro años de su fundación, todos debemos reconocer un acumulado de conocimiento y de trabajo inmenso que se ha hecho en este lugar. Son miles las personas que han pasado por allí cambiando de alguna manera sus vidas, aunque suene pretencioso. Además, no existe una organización de víctimas en la ciudad que no valore el espacio, y pocas han dejado de ocuparlo y usarlo, gratis, libremente. Se han hecho actos en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de trascendencia nacional, se han producido libros fundamentales sobre su ámbito, se han generado instrumentos pedagógicos importantísimos que hoy se usan en colegios y universidades.

Pero también es muy triste encontrarse con las noticias sobre el mal estado del Centro, sobre las amenazas a su continuidad por cuenta del incumplimiento de algunas promesas que no se resolvieron bien en la Alcaldía de Gustavo Petro, y sobre las que existen conclusiones claras y suficientes que pueden perderse si ésta Alcaldía también incumple. http://www.elespectador.com/opinion/petro-y-el-derecho-verdad

Ahora con el Alcalde Peñalosa al mando hay que afirmar que el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación sigue necesitando el concurso confluyente de todo el espectro de defensa de derechos humanos y construcción de paz, y allí, de todos los partidos e instituciones: este es un tema que trasciende los intereses de gobierno. Ni el nuevo Alcalde debe temer a untarse de sus contradictores, ni la oposición debe abandonar al Centro como suelen hacer algunos que botan el balón por el hecho de que lo esté manejando el equipo contrario.

El debate sobre el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación es, además, un debate que atraviesa un nuevo boom en proyectos como éste en todo el país. Todos los lugares de memoria en Colombia, desde la Casa Museo de la Memoria de Medellín hasta la Casa de la Memoria de Tumaco, están marcados por la misma cuestión. Hay una Red Nacional de Lugares de Memoria que lucha por sostenibilidad, autonomía y participación para los lugares. Si no queremos tener elefantes blancos y frustraciones para las víctimas sino verdaderos lugares activos y determinantes en la construcción de paz, se necesita atender la alerta.

José Antequera Guzmán

Ideas sobre la paz. ¿Sí o no?

1. No se puede seguir repitiendo que la democracia colombiana ha sido ejemplar e intachable, que antes fue atacada por una amenaza fantasmal terrorista y que ahora está de luto. El proceso de paz ha sido necesario porque existe un conflicto que no se puede negar a estas alturas a menos que uno decida no ver las 170 mil víctimas civiles en más de 60 años, y las responsabilidades documentadas del Estado, de las Fuerzas Militares y hasta de la Iglesia, que son tan verdaderas como las que corresponden a las guerrillas, y a los empresarios, y a los políticos, y a los medios de comunicación, aunque sean distintas entre ellas y haya que clarificarlas con una comisión de la verdad. El proceso de paz ha sido necesario porque con un conflicto así no se puede hablar de una verdadera democracia. Y por eso el corazón de la paz es un acuerdo para avanzar, simple y llanamente, en que Colombia sea un país democrático. Hay quienes creen que eso es muy poquito o que no vale la pena, y aunque no comparto sus razones, porque tengo la vida marcada por la maricadita de que aquí te matan por tu posición política, me parece que son válidas y discuto lo que quieran con ellas. Pero la negación del conflicto ya no es aceptable. De ninguna manera.

2. A veces nos pasa, yo diría que casi siempre, que cuando se supone que debemos saber algo pero no lo sabemos, hacemos cara de que sí cuando no.

– ¿Te leíste la Vorágine?.

– Aja, claro, sí, aunque hace mucho, en el colegio, así que ya casi no me acuerdo.

Cuando quien nos habla nos pregunta por algo de lo que no sabemos pero con cara de disgusto, lo fácil es compartir el sentimiento y decir que a uno tampoco le gusta eso. Cuestión de empatía.

La idea de la paz es nueva para muchos. 50 años de guerra fueron todos años de justificación de la guerra, de diablos y demonios; de terrorismo. Y leer los acuerdos no ha sido fácil. Primero, porque no leemos mucho en general. Y segundo, porque son temas políticos y aquí estamos acostumbrados a que nos den la información política con la cucharita de Vicky Dávila. ¿Entonces? Lo más fácil es seguir la ley: “mejor bueno conocido que malo por conocer”. “A mi tampoco me gusta eso”, dirán algunos si les pregunta alguien con cara de disgusto.

Yo les diría a los que no han leído que lean. Pero sé que es difícil. Entonces les diría que le digan que Sí a la posibilidad de que los hijos y los nietos de los soldados y de los guerrilleros aprendan a leer y a cogerle el gusto a la lectura con sus papás en la casa, vivos y respirando. Se los digo yo, que sé lo difícil que es aprender a leer sin papá.

3. Es muy importante que afirmemos el Sí a la paz en redes sociales. Pero hay que transcender el espacio engañoso de nuestros contactos, que normalmente serán afines. Que no nos dé miedo hablar con la persona que se sienta al lado en el bus, con el taxista, con el vecino, con el de la tienda, con las amistades del colegio, con el tío que no cree en nada. Esto es en serio y nuestro peor enemigo es esa manera desconfiada de tratarnos entre nosotros que traslada todas las causas a las propagandas masivas de quienes tienen plata, o a las marchas donde uno va acompañado generalmente de la misma gente. Sin pena, que es en serio. Esto hay que ganarlo y no de cualquier modo sino de manera contundente.

4. Hay que ir cocinando lo que viene. Hay que hacer cumplir la promesa con renovación y voluntad. A todos se nos están acabando las excusas.

 

 

 

 

 

El fin de la guerra

Con la firma del acuerdo sobre cese bilateral definitivo entre las FARC y el Gobierno Nacional se le pone la crema al pastel (todavía falta la cereza). La emoción por lo que significa como el fin práctico de la confrontación entre estas dos partes es incontenible. Pero además, sabiendo que lo que está intentando resolverse en la Habana va mucho más allá de la guerra propiamente dicha, también debemos celebrar lo que significa el acuerdo con respecto a los temas fundamentales a los que se refiere: la dejación de armas, la lucha contra las organizaciones criminales que amenazan a los defensores de derechos humanos, movimientos políticos y sociales, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz.

Aunque muchos se hayan empeñado en imponer la idea de que el centro de la negociación debía ser la entrega de armas de las FARC al Estado, el acuerdo significa la victoria de una afirmación repetida durante años: una solución dialogada del conflicto que reconoce que las partes no llegan a la mesa por derrotadas sino porque no pudieron derrotarse, implica que las armas se dejen de usar y no que una parte se las entregue a la otra en señal de rendición. Al incluir el tema de la lucha contra las organizaciones criminales, incluyendo a los paramilitares (al fin reconocieron su existencia), lo que ha quedado también muy claro es que ese gran anhelo que las víctimas reivindicamos como garantías de no repetición (el Nunca Más), depende de medidas que no son sólo recíprocas entre las partes sino que deben ser confluyentes desde ellas hacia el país. Las garantías para que los futuros excombatientes participen en política, o vivan como quieran, pero vivan, son las mismas para el movimiento social y los movimientos políticos, y son la responsabilidad transcendente de todos y todas. La vida, al fin y al cabo.

Tenemos absolutamente claro que los acuerdos son el punto de partida en todos los temas y que depende de nosotros y nosotras que se cumpla la promesa de la paz con justicia social. Pero si no se logra una acción confluyente que garantice la seguridad efectiva de los líderes y comunidades contra la criminalidad y el paramilitarismo todo se va al carajo. La promesa de la paz es la democracia a partir de unas transformaciones básicas para que supere la prueba de la autenticidad, y donde se puedan intentar nuevas y más profundas transformaciones positivas que, hasta ahora, siempre han sido silenciadas a bala.

Cada solución de un problema implica un problema nuevo, dijo el activista Saul Alinsky. Teniendo las cosas claras, nadie nos puede negar que celebremos hoy por todo lo que nos ha costado este momento. Yo hoy, sobre todo, celebro que cada día estemos siendo más un solo país. Que Colombia cada día nos parezca menos ajena.

Amenazas en la puerta de la paz

Ante las amenazas que se están produciendo vinculadas al rearme paramilitar, y los asesinatos que ya completan cinco en una semana, los medios, varios representantes del gobierno y muchos líderes de izquierda debemos reflexionar sobre la profecía del miedo a la repetición de lo ocurrido con la UP. Lo que es urgente es que se descubra la verdad y se tomen medidas efectivas evitando el mensaje de condolencia inútil y perjudicial para todos.

El mejor ejemplo sobre lo que son las profecías autocumplidas aparece en un cuento de García Márquez que nunca he leído, pero me lo contaban mil veces de niño de la manera que ahora resumo. Una señora se levanta un día diciendo que ese día va a pasar algo grave en su pueblo. Y se riega la bola. Y la gente comienza a hacer cosas porque ese día, están diciendo, va a pasar algo grave en el pueblo. Hasta que terminan quemando las casas por miedo a eso que va a pasar. Como yo me lo imaginaba, al final aparece la señora con las llamas reflejadas en sus pupilas junto a su hija o su sobrina, diciendo: “viste mija, yo te dije que hoy iba a pasar algo grave en este pueblo”.

Como lo hizo la Silla Vacía (http://goo.gl/HYD5WN) ha sido común durante este último proceso de paz que se ponga en boca de la izquierda la denuncia del paramilitarismo. Que el problema de los asesinatos y del rearme paramilitar se reduzca en su magnitud como la amenaza generalizada que es. Que algunos voceros de izquierda respondan que tienen mucho miedo, y que todos digan que el miedo es a que se repita lo de la UP. Pero esa focalización del problema y esa evidencia del susto, en vez de producir solidaridad o alarma en el gobierno, al que le debería importar que todos los que estamos cobijados por la historia de la UP tuviéramos y sintiéramos que tenemos garantías, funciona como un mensaje de profecía autocumplida, negativo para todos. Certifica la efectividad de los ataques recientes, no preocupa a los que creen que como no son de izquierda la cosa no es con ellos, y fragmenta la posibilidad de la verdadera solidaridad al recalcar, de nuevo, que el que se acerca a esos rojos comunistas termina amenazado, porque hasta debe ser verdad eso que dice Fernando Londoño en sus videos en youtube. Y por ahí derecho, ciertamente, reduce las expectativas generales de que el proceso de paz puede cambiar algo.

Si es verdad que en este país importan las víctimas hay cosas que debiéramos asumir como aprendidas y actuar en consecuencia. Si están amenazando o asesinando a líderes de izquierda en la puerta de la paz, tendría que haber una convocatoria masiva a rechazar esos hechos desde los medios de comunicación, buscando el poder de la verdad de los responsables para oponerlo al miedo. Si es verdad todo lo que se ha dicho ante las víctimas de las masacres, y de los secuestros, y del genocidio contra la UP, y que Basta Ya y que Nunca Más, debería haber un mensaje rodeando a los amenazados, haciendo de la unidad la fórmula contra el miedo. Y si es cierto que la izquierda ha hecho de tanta tragedia una lección, deberíamos también afirmar, de una vez por todas, que nuestro miedo no evita ningún asesinato, y que si nos toca vivir sorteando la cobardía de los que amenazan, mejor que la sociedad sepa que con nosotros encuentra esperanza y no miedo.

Señor Presidente Juan Manuel Santos. Si todo lo que se ha dicho y escrito sobre las víctimas ha sido en serio, este debería ser el momento en que se convocara la acción de todas las instituciones que tienen algo que ver con la no repetición, el movimiento de derechos humanos, con comisiones especiales de investigación y juzgamiento, en vez de unirse y actuar después para reparar lo irreparable. ¿No es eso lo que significa que las víctimas sean el centro de la paz?

Si algo no debemos repetir en Colombia es la actitud paralizante, la indiferencia generalizada que comienza por los eufemismos, las profecías autocumplidas y la silenciosa complicidad de quienes aceptan el miedo, hasta que les toca la puerta. ¿Entonces?

José Antequera Guzmán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nominados al Premio Nobel de Paz

Bogotá, 7 de febrero de 2016.

Compañeras. Compañeros.

Esta semana del mes de febrero de 2016, hemos recibido la noticia de que estamos nominados al Premio Nobel de Paz. El parlamentario del Partido Socialista de Noruega, Heikki Eidsvoll Holmås, quien nominó a los ganadores del año anterior, propone que este año se le dé el reconocimiento al Gobierno colombiano, en cabeza de Juan Manuel Santos, a las FARC-EP, en cabeza del comandante Timoleón Jimenez, y a las víctimas, con cinco nombres representantivos:

Luz Marina Bernal, líder de la causa de las madres cuyos hijos han sido víctimas de ejecuciones extrajudiciales; Jineth Bedoya, periodista, líder contra el silencio y el crimen de la violencia sexual; Leyner Palacios, líder de la comunidad de Bojayá; Constanza Turbay, una mujer comprometida con la paz cuya familia fue asesinada por las FARC-EP; y yo, José Antequera, a quien me correspondió la primera intervención de las víctimas en la Habana a partir de la lucha que he emprendido frente al asesinato de mi padre y de los miles de militantes asesinados en el marco del genocidio contra la UP.

Es claro que esta nominación es, en primer lugar, un reconocimiento a la razón y entrega de quienes han defendido la causa de la paz en Colombia, y allí, a mi padre y a mi madre, entre millones. A las víctimas que han convertido su experiencia en el fundamento de los cambios que fueron negados y traicionados, una y otra vez, antes de que el conflicto se convirtiera en un infierno. Y por supuesto, también para grupo de las 60 a quienes nos tocó ir a la Habana, y pusimos todo de nosotros para darle un empuje al proceso del que no conoce el país, pero que nosotros atestiguamos orgullosos de haber aportado a un cambio trascendental para la historia.

Ahora, cuando nuestro país necesita concretar la refrendación de los Acuerdos y el diálogo con el ELN, cuando tenemos que asegurar que no ocurrirán nuevas traiciones mientras enfrentamos la inconsistente política que privilegia el extractivismo de las multinacionales sobre los derechos humanos y el desarrollo equitativo y sostenible, sólo espero que la nominación al Nobel nos ayude a elevar nuestra voz, a crecer para aportar a la materialización de la promesa de la democracia que corresponde a nuestra generación. Si vamos juntos, vamos.

Aquí el link de la noticia: http://www.sum.uio.no/forskning/blogg/norlablogg/colombia.html

Salud.

 

 

 

La indignación no basta. La unidad de la izquierda tampoco.

La indignación no basta. Eso acabo de leer en un grupo de WhatsApp, a propósito de un mensaje que circula por ahí titulado “Despierta Colombia” en el que se denuncia la corrupción, la venta de Isagen, etc. y se llama a la movilización social espontánea. Y es cierto. A propósito de las últimas medidas del gobierno nacional y del de Bogotá hay muchas razones para emputarse, pero se necesita mantener alguna claridad sobre la canalización si no se quiere terminar trabajándole a los que siempre están esperando para pescar en río revuelto imponiendo dictaduras y represión, dizque a favor pueblo indignado.

En mi muro de Facebook una mujer comentó que para ella el proceso de paz es sólo una cortina de humo para que no veamos lo que está pasado con las empresas públicas. Confundiendo las peras con las manzanas, esa mujer está pensando como una buena cantidad de personas en Colombia que cree que la paz es un proyecto de Santos. No se puede olvidar que la paz como está siendo, negociada, con diálogos, con acuerdos, es el proyecto que hemos defendido nosotros, hasta las últimas consecuencias, para que se abra la democracia en Colombia y deje de ser la guerra la mejor excusa para tapar y silenciar los problemas del país. Pero que yo le diga eso a la comentarista de mi muro no cambia nada. Ahí está el síntoma de algo grave a lo que hay que pararle bolas, porque la paz no se puede perder aunque el gobierno crea que puede hacer lo que sea, que tranquilo, que con el fantasma de la guerra, ahí está la gente buena, y la izquierda, dispuesta a defender en el último minuto a su gobierno y a la paz porque si no viene el coco de Uribe y nos lleva.

Además la indignación no basta por otros motivos. Supongamos que se cumple el sueño de los que están queriendo convocar, con las mejores intensiones, esa acción espontánea, popular, sin banderas ni partidos, que remueva la situación indignante. Para que las cosas cambien se necesitan alternativas organizadas, y no sólo buenas intensiones. En las marchas también hay mucha gente corrupta que simplemente aún no ha tenido su oportunidad.

Pero ahí es donde entra el asunto de la izquierda y de la unidad de la izquierda. La otra cosa que me encontré esta mañana es una noticia sobre una Cumbre que varios medios han presentado como un cónclave para lanzar a Gustavo Petro como presidente, en parte para aumentar la audiencia con algo espectacular, y en parte para ponerle el foco al asunto electoral y mantener a la izquierda en la raya frente a la indignación. Esa reunión fue muy importante, pero tampoco basta. Primero, porque está visto que hay que desarrollar estrategias para controlar mejor los mensajes, que se puede, mientras nos dan el medio de comunicación que propone Aída Avella. Con la experiencia de Hollman Morris, que estuvo en la reunión, no sé cómo se permitió que se dijera lo que los medios quisieran y no lo que se necesitaba decir en este momento. Pero también porque si se están convocando marchas sin bandera y sin partido y se están confundiendo las peras con las manzanas, es porque hay una crisis de representación que ha llegado a tocar a la izquierda, que ha terminado por aparecer como otro sector político que se llama distinto, pero que comete las mismas cagadas. Así que sumar banderas y sumar votos no es suficiente, y tampoco es suficiente esperar que la unidad produzca por sí misma el resultado de recomposición de manera que por su misma cuenta se pueda identificar que la izquierda es, además de una alternativa organizada, una verdadera alternativa; alternativa en valores, en modos, en ética, en capacidad decisión.

La primavera en Túnez empezó después de que un hombre se inmolara el 17 de diciembre de 2010 frente a un edificio del gobierno, ahogando su propio grito de protesta ante la confiscación de su puesto de frutas, y su grito de dignidad, con el que se negó a pagarle un soborno a la policía. En 2013 nos dijo un filósofo, Zizek, que aquellos días terminaron siendo tiempos en los que soñamos peligrosamente, por lo que pasó con esa y otras primaveras. En España, después del 15 M, las izquierdas siguen divididas sin poder ganar todavía, aunque ya van entendiendo, todas, que no basta con la sopa de letras. Aquí todavía suena el reclamo del hijo de la señora Rubiela, en plena calle, antes de que llegara el ESMAD a atender la emergencia con su alienada estupidez, y una madre está encadenada en la Dirección de la Policía porque no atienden a su hijo.

José Antequera Guzmán